Carta al Pinto. A un año.

Parece mentira que haya pasado un año completo Pinto. Que la Tierra haya dado una vuelta completa al sol sin saber qué pasó contigo ese domingo 11 de mayo en que nunca volviste a la casa. A esa casa que tanto querías cuidar siempre, a esa casa donde nos reuníamos cada verano hace años, reuniones familiares que con el tiempo se fueron haciendo cada vez más difíciles, pero no por eso menos divertidas. Entrar a esa cocina donde se arma la “mesa de té Club” y donde sólo se hace escuchar el que grita más fuerte. Cocina, casa y griterío en el que no estás hace un año.

Parece mentira. Pero es cierto. Hace un año te perdiste Pinto, y nadie en Cunco puede decir exactamente si te vio pasar, si sabe algo, si escuchó algo. Porque la gente siempre “escucha”, pero se olvida cuando es vital. Porque los que saben algo de ti prefieren esconderse y callar, y mirar a otro lado. Porque es evidente que alguien debe saber algo. Algo que podría decirnos dónde estás, o llevarnos a resolver el misterio que hace un año carcome nuestros pensamientos y nuestras juntas familiares.

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Somos una familia numerosa, y todos en Cunco te conocían. Por lo mismo, parece inverosímil que no haya una sola persona que sea capaz de decir algo que ayude a dar con tu paradero. Soslayando la existencia de esa gente, sólo nos queda el dolor permanente de saber que no sabemos dónde estás.

Dónde estás. Dónde estás. Dónde estás. No llegaste a esta misma misa que hoy reúne a gran parte de la familia. A esta misa a la que te gustaba tanto venir. Recuerdo que cuando era chica te ibas adelante para “guardar el puesto”, y ese puesto siempre era el mismo, adelante, a la izquierda del altar, en el segundo o tercer banco. Te gustaba tomar el canasto para las ofrendas, y dar la mano en el momento de la paz. Mano que sólo Dios sabe a quién le diste este último año.

Parece mentira que te hayas ido así Pinto. Y parece mentira que no escuchemos más tus payas, ni los versos que de un momento a otro repetías en esos mismos eternos almuerzos familiares de verano. Verano que no fue igual. Veranos que no serán iguales nunca más.

Ha pasado un año. En un año han pasado también muchas cosas. Ha pasado tiempo y hemos recorrido de arriba a abajo el pueblo en busca al menos de tus lentes, de tu sombrero, de alguna pista esquiva que nos pueda decir algo… pero nada, no hay nada, te borraste del mapa, te tragó la tierra como dice el cliché popular.

Te perdiste Pinto, y parte de nosotros se perdió contigo. A un año sólo puedo decir que te seguimos buscando, y que cada miembro de la familia resiente tu falta de presencia de forma especial. Algunos lloran, otros gritan, otros se esconden en sí mismos, otros se dan vueltas buscando una explicación lógica, y todos, todos sentimos como punza en el corazón esa incertidumbre de no saber qué pasó contigo.

Al finalizar estas palabras sólo espero Pinto que donde sea que estés, estés mejor que nosotros, que dónde estés te sientas bien, que donde estés, sepas que tu familia no te olvida, que te tenemos presente, y que te seguimos buscando. Porque no dejaremos de hacerlo, no olvidaremos que no estás hace un año con nosotros.

Te queremos, Pachy.

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